Por Sergio Valdez
El genio ha logrado escapar de la lámpara. Sin lugar a dudas, la sublevación democrática que recorre al mundo árabe cambiará el panorama político de la región y el mundo; cualquiera sea el desenlace de la intervención imperial en Libia o de las reformas institucionales que resulten de las protestas sociales en los países de la zona.
Dos circunstancias principales confluyeron para que la caldera árabe estallara.
Una, la encontramos en la propagación en Europa de la crisis global iniciada en el 2008, que repercute en todos los países árabes acelerando los procedimientos neoliberales de saqueo de los recursos naturales y de apropiación de los bienes públicos. Creció la fuga de capitales para su valorización en otras partes del mundo y la compra compulsiva de armamento por sumas siderales. Europa limitó el ingreso de emigrantes y muchos trabajadores de estos países perdieron su trabajo, disminuyó el volumen de las remesas de dinero enviadas a las familias. Se redujo el turismo. Aumentó el precio de los comestibles y otros artículos de consumo. Bajó (hasta que se desató la guerra civil en Libia) el precio de los hidrocarburos.
Otra, está en el agotamiento de los regímenes políticos imperantes por décadas en los estados árabes. Gobiernos y gobernantes, aliados y agentes de los imperios centrales, ya no pueden administrar como hasta ahora a sus países. Ha comenzado la crisis de las autocracias árabes. Ya no es posible contener las demandas democráticas de las poblaciones que expresan la necesidad de resolver lasterribles condiciones socialesde los sectores más pobres, la falta de libertades elementales, la discriminación religiosa, los resabios tribales, la humillación del colonialismo, la corrupción de las élites, el estancamiento económico y social de las capas medias, la ninguna esperanza en el futuro de los jóvenes. En distinto grado, estos elementos comunes confluyen creando la situación particular que da marcoa las sublevaciones populares en cada país árabe.
Por otra parte, la región está atravesada por un conjunto de conflictos y contradicciones que en cierta forma configuran la situación. Brevemente podemos destacar:
· El conflicto religioso entre las corrientes chiitas y sunnitas del Islam, que influye especialmente en la situación interna de Irak, Bahréiny Yemen y en menor grado en los restantes países de la región.
· La persistencia de resabios tribales mantenidos por las potencias colonialistas para facilitar su dominación, obstaculizando el desarrollo de la organización nacional. Situación que intenta ser aprovechada y potenciada en Libia para facilitar un posible desguace y reparto del país siguiendo el modelo yugoeslavo.
· La constante agresión del Estado de Israel contra el pueblo palestino y su actividad de gendarme en el Medio Oriente por cuenta de los Estados Unidos.
· Las contradicciones entre los EEUU y los países de la Unión Europea vinculadas al aseguramiento de materias primas y mercados. La UE recibe más del 85% de las exportaciones libias de hidrocarburos. Estas contradicciones que se manifiestan en la disputa por la conducción de la operación sobre Libia y en el creciente rol belicista que juega Francia en general y especialmente en la agresión a Libia. La situación en Libia se ha convertido en una dura prueba para el mundo occidental porque desveló serios problemas entre la OTAN, los países integrantes de la Unión Europea y la cooperación de Estados Unidos con sus aliados europeos.
· La confrontación estratégica entre los EEUU y China. Esta última se ha instalado firmemente en África en procura de materias primas para alimentar y dar energía a su población y a su industria.Esta confrontación alcanza en Libia gran tensión, pues las empresas petroleras estadounidenses poseen menos inversiones y territorios productivos que las empresas europeas y chinas. La empresa china National Petroleum Corp (CNPC) ocupaba a 30.000 empleados y remitía a su país alrededor del 12% del petróleo libio.La campaña militar contra Libia es también un intento de excluir a China del norte de África.
Las protestas populares en Túnez y Egipto tomaron por sorpresa a Estados Unidos y sus aliados. El simultáneo estallido de las sublevaciones democráticas en los países árabes, pone en peligro al andamiaje institucional que aseguraba el control de los EEUU en la región y obliga al imperio a cambiar algo para que lo principal se mantenga igual. Mediante maniobras de recomposición basadas en represión y concesiones el imperio trata de evitar que la región escape de su dominio.
Los movimientos populares masivos han logrado cuestionar la autoridad del Estado, poner en jaque a los gobiernos, paralizar la economía, y derrocar a algunos de los autócratas gobernantes.Si bien no cuestionan al orden social existente, han creado condiciones para avanzar en la democratización de las sociedades de la región. El movimiento de liberación de los pueblos árabes ha tomado nuevamente impulso.
Inicialmente las protestas populares generadas desde las bases, han sido en muchos aspectos espontaneas, es decir, inorgánicas y sin proyecto alternativo. Estas no han sido las circunstancias ni en Siria ni en Libia. En estos países las manifestaciones tienen un carácter preventivo. En Siria las limitadas movilizaciones han sido alentadas desde Israel para desestabilizar al grupo gobernante y lograr una administración más dócil a sus intereses expansivos en Palestina.
Respecto a Libia, se conspira en Francia, por lo menos desde hace un año atrás. Aquí se trata del reparto de las fuentes de petróleo y gas entre las naciones centrales de occidente. No es casual que el presidente Nicolás Sarkozy se haya apresurado a reconocer al Consejo Provisional de Bengazhi, montado sobre las protestas de parte de la población, está mayoritariamente integrado por ex ministros del gobierno de Muamar Khadafi. Los intereses de Francia, y en general los de la Unión Europea, chocan con los de EEUU; pues lo que este pretende es modificar (como lo hizo en Irak) las relaciones económicas con Libia favoreciendo a las multinacionales petroleras norteamericanas hasta ahora casi excluidas de la explotación de las reservas de energía libias. De esta manera, EE.UU. podría controlar las fuentes de hidrocarburos de las que depende en gran parte Europa y China.
La imposibilidad de vencer la resistencia del clan Khadafi sin contar con una fuerza militar local considerable, ha llevado a la intervención militar directa conducida por la OTAN. Esta agresión colonialista, facilitada por la apatía de la ONU y la complicidad de los miembros de su Consejo de Seguridad, ya se ha desatado con el bombardeo “humanitario”, la provisión de armas y la llegada de asesores militares.
En esta ocasión no ha hecho falta para lanzar el ataque armado inventar “armas de destrucción masivas” como en Irak. Las potencias occidentales inauguran sin velos la cínica doctrina de la “guerra humanitaria”. No hay pretexto que pueda cubrir de humanismo a los autócratas que gobiernan a los países árabes ni a sus mandantes imperiales. La guerra humanitaria no es más que otro método para intentar sortear la crisis global apelando a formas actualizadas de colonialismo.
Algo parece escasear en las actuales circunstancias, es la protesta y movilización de los pueblos del mundo para detener la nueva agresión imperialista. Es importante no admitir nuevos precedentes ni aceptar que con hipócritas menciones a salvatajes humanitarios se cercene la independencia de Libia.
Deseamos que el pueblo libio logre una pronta solución pacífica a la situación allí creada, sin ningún tipo de injerencia ni intervención extranjera, que garantice la integridad y la soberanía de la Nación libia. El camino para conseguirlo es la propuesta de los países del ALBA, crear una comisión mediadora internacional que gestione el arreglo pacífico del conflicto libio.
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