domingo, 17 de abril de 2011

FALACIAS SOBRE EL 24 DE MARZO


A partir de 1930 se produjeron en nuestro país seis golpes de estado. En el siglo pasado  los argentinos nos acostumbramos a que las fuerzas armadas intervinieran en la vida política del país, derrocando gobiernos civiles o bien condicionándolos fuertemente. Siempre los golpes de estado se hicieron contra el pueblo y contra los trabajadores en particular y se dieron cada vez que los sectores dominantes –empresarios, banqueros, terratenientes etc- vieron peligrar sus privilegios. Por eso los trabajadores no somos neutrales al evocar el 24 de marzo de 1976, fecha del golpe más sangriento de nuestra historia. No casualmente los trabajadores de la educación desaparecidos ascendieron a 600.
 Falacia 1-El 24 de marzo es una fecha que sólo interesa a los políticos.
El 24 de marzo interesa al conjunto de la ciudadanía democrática del país y por ello tiene su marco legal.
Existen dos leyes: emanada del Congreso Nacional, la Nº 25.633/02 señalan lo siguiente:
ARTICULO 1º — Institúyese el 24 de marzo como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en conmemoración de quienes resultaron víctimas del proceso iniciado en esa fecha del año 1976.
 
ARTICULO 2º — En el seno del Consejo Federal de Cultura y Educación, el Ministerio de Educación de la Nación y las autoridades educativas de las distintas jurisdicciones acordarán la inclusión en los respectivos calendarios escolares de jornadas alusivas al Día Nacional instituido por el artículo anterior, que consoliden la memoria colectiva de la sociedad, generen sentimientos opuestos a todo tipo de autoritarismo y auspicien la defensa permanente del Estado de Derecho y la plena vigencia de los Derechos Humanos.
  
Pero en la Legislatura  Provincia de Buenos Aires existe una anterior que lleva el Nº 11.782/96, donde se expresa lo siguiente:
Artículo 1.- Dispónese que todos los años a partir de la sanción de la presente ley, en todos los establecimientos educativos dependientes de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, se realicen actividades que contribuyen a la información y a la profundización del conocimiento por parte de los educandos, del golpe de Estado perpetrado el 24 de marzo de 1976 y las características del régimen que el mismo impuso. 

Artículo 2.-Las actividades referidas en el artículo anterior se realizarán durante la semana de cada aniversario y tendrán una duración de una hora cátedra, asegurando el cumplimiento de los siguientes objetivos: a) Afianzar en la juventud la cultura de la democracia, la libertad y el respeto por la dignidad de sus semejantes. b) Condenar toda usurpación de los poderes surgidos legítimamente por imperio de la Constitución, poniendo el acento en un conocimiento profundo de lo prescripto en el art. 3 de la Constitución de la Provincia de Buenos Aires (Reforma de 1994). c) Divulgar las características que tuvo el régimen político vigente desde esa fecha hasta la recuperación de la democracia en diciembre de 1983, haciendo hincapié en la difusión de la sentencia de la Honorable Cámara Federal de la Capital Federal por la cual fueran condenados los ex-comandantes en jefe del denominado "Proceso de Reconstrucción Nacional". d) Denunciar la comisión sistemática de los delitos aberrantes, tales como el asesinato, la desaparición de personas, las detenciones ilegales y las torturas, constitutivas todas ellas de la práctica del terrorismo de estado, como así también propender a que se conozcan los dictámenes elaborados por los organismos internacionales respecto al tema. e) Renovar, junto a la memoria de lo ocurrido, el compromiso irrenunciable de evitar la repetición de acontecimientos similares en nuestro país. f) Afianzar la valoración de los organismos defensores de los derechos humanos. 

 Falacia 2: En  1976 había una guerra
La  idea de una guerra “no convencional” contra la “subversión” armada  fue el pretexto que se esgrimió para dar el golpe cívico militar. Hablamos de una guerra cuando existen dos fuerzas militares pertenecientes a distintos estados o al  mismo país. Ejemplos: La guerra entre el Norte y el Sur en Estados Unidos a fines del siglo XIX  y  la guerra civil española.  Sin embargo, los propios jefes militares de Argentina  reconocieron en su momento que las principales organizaciones armadas de entonces, Montoneros y ERP –Ejército Revolucionario del Pueblo- que nunca alcanzaron a constituir  ejércitos regulares capaces de poner en peligro al estado,  para fines de 1975 se encontraban prácticamente derrotadas. Lo que ocurrió en la Argentina fue un golpe de estado seguido de una represión generalizada contra los trabajadores y el pueblo para poder reorganizar la economía y las instituciones de acuerdo a los intereses del capital financiero y de los Estados Unidos. Por otra parte, el carácter presuntamente “excepcional” de la lucha es la justificación del terrorismo de estado, de la represión ilegal, tal cual lo relatara Rodolfo Walsh en su “Carta Abierta a la Junta Militar”: Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.
   Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados”.

Falacia 3: Los derechos humanos son de izquierda.
Los derechos humanos  son  lo que todas las personas necesitamos para vivir dignamente, para desarrollarnos plenamente, como una buena alimentación, educación, salud, empleo, un medio ambiente sano, respeto a la integridad física y psicológica, libertad de expresión, de religión, de tránsito y muchas cosas más. Representan además, instrumentos que promueven el respeto a la dignidad humana, a través de la exigencia de la satisfacción de las mismas. Esos derechos deben ser reconocidos y garantizados por el Estado y por eso están consagrados en nuestra Constitución nacional.

Falacia 4:  Los delitos de la guerrilla son tan condenables como los del Terrorismo de Estado. (Teoría de los dos demonios)
Los delitos del Terrorismo de Estado son delitos de lesa humanidad y por ello son más graves que los que puede cometer un individuo o grupo de particulares. La Corte Suprema de Justicia de la Nación aclaró el concepto de delito de “lesa humanidad” a través de la adhesión al dictamen fiscal presentado por Esteban Righi. Ambos sostuvieron que el delito de lesa humanidad consiste en uno de los actos descriptos en el Estatuto de Roma, según el cual debe ser desarrollado por el propio Estado, a través de una política que atenta sistemáticamente contra los derechos fundamentales de una sociedad civil o un grupo determinado de esta. Así entonces aclaró que un delito, por más insidioso que sea en su metodología o comisión, no es por sí un crimen de lesa humanidad. La gravedad metodológica del delito no es lo que lo transforma en un crimen imprescriptible, sino que sea llevado a cabo por aquellos que tienen por finalidad defender o garantizar la convivencia pacífica. Los Juicios a las Juntas Militares realizados en 1985 demostraron que el Terrorismo de Estado practicado por la dictadura  cívico militar constituyó un plan sistemático contra la población.

Falacia 5: Los organismos de derechos humanos sólo remueven el pasado y persiguen la venganza.
Ni los derechos humanos son cosa del pasado, ni puede confundirse fácilmente la venganza con el reclamo de justicia. El terrorismo de estado y la represión de la dictadura es algo que nos pasó a todos los argentinos, aunque no siempre tengamos conciencia de ello. Durante décadas los organismos defensores de los derechos humanos y los familiares de las víctimas han reclamado justicia ante las instituciones de la Nación, de forma a veces apasionada y vehemente pero siempre pacífica sin que se conozca un solo caso de justicia por mano propia a pesar de la magnitud y envergadura de los crímenes cometidos. Que la represión ilegal no es cosa del pasado y que los remanentes del terrorismo de Estado aún persisten lo demuestra la desaparición en democracia del testigo  en los juicios contra los crímenes de lesa humanidad, Jorge Julio López en 2006 y la del joven Luciano Arruga en 2009 a manos de la Policía Bonaerense.

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